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Henos aquí que el fotógrafo en cuestión se fue de fisgoneo a Estiche
en el último día de sus fiestas y se encontró con los Encapuxats
Diabolics con su espectáculo de fuego... y se quedó; e incluso se metió,
cuasi, debajo del paraguas de pólvora, fuego, luz y color, y recordó aquello
de que el fuego es un símbolo remoto que se ha proyectado mediante rituales
llenos de magia y majestuosidad. Ahí está, si no, la Noche de San Juan
con el agua y el fuego. Oscar Wilde, que debía jugar mucho fuego, dijo que
"es que aprende uno a no quemarse". A mí, no me vale.
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