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NUESTRAS RAÍZES

Ponzano: Gerónimo Castillón y Salas, obispo de Tarazona




Por Santiago BROTO APARICIO
15/10/2006

Nació el día 30 de septiembre de 1756 y fue bautizado en la Iglesia Parroquial de Santa María, de Ponzano, el 1º de octubre siguiente, por el Presbítero don Miguel Foncillas en ausencia del Rector don Antonio Castillón, actuando como padrinos Gabriel Foncillas y Paciencia Castillón, residentes en aquel lugar, poniéndosele los nombres de Jerónimo, Remigio, Antonio y Joaquín.

Era el segundo hijo de José Castillón y Campo, natural de Ponzano, asistente en calidad de Infanzón a las Cortes aragonesas celebradas en la ciudad de Zaragoza en 1702-04 y Brígida Salas, llamándose sus otros tres hijos:

Pedro, que siguió al frente de la casa paterna, contrajo matrimonio con N. Torres y tuvo la siguiente descendencia: Zenón -heredero del patrimonio familiar, quien probó de nuevo su hidalguía ante la Real Audiencia y ganó Ejecutoria de Infanzonía en 1818-; Vicente -Eclesiástico, Canónigo de Tarazona y secretario de su tío Jerónimo, Obispo, y posteriormente Tesorero de la Catedral barcelonesa-; y Mariano, colegial del Mayor de San Vicente, de Huesca, Alcalde del Crimen de la Chancillería de Valladolid y Caballero de la Orden de Carlos III-.

Francisco, Presbítero, que ejerció la dignidad de Canónigo del Capítulo de Montearagón y José (éste cursó los estudios eclesiásticos como colegial del Mayor de San Vicente, Mártir, de Huesca, graduándose como Doctor en Cánones de la Universidad Sertoriana, de la que fue Catedrático, así como Vicario general de la Diócesis de Barbastro, Capellán de honor de S.M. y Fiscal de la Capilla y de los Ejércitos Reales y Abad del Monasterio de Montearagón designado por Bula de Pío VI, de 18 de junio de 1792, falleciendo en Huesca en 1814).

Fueron sus abuelos paternos: Pedro Castillón y Purroy, de Ponzano y Paciencia Campo, de Arcusa. Sus segundos abuelos, José Castillón y Subías y Teresa Purroy, de Tamarite de Litera; los terceros Pedro Castillón y Castro y María Subías; los cuartos, Pedro Castillón y Foncillas y María Castro; y los quintos Pascual Castillón y Antonia Foncillas, todos ellos considerados en el lugar de Ponzano como verdaderos Infanzones de sangre y naturaleza, habiendo ganado este último una Ejecutoria de hidalguía en 1684. Fueron también los Castillón de Ponzano, Barones de San Felipe y Señores de Fenillosa y ya en el censo de Fogajes de 1495 figuraban allí residenciados Martín y Domingo Castillón, el primero de ellos Jurado del Concejo municipal.

Realizó sus estudios Gerónimo Castillón y Salas en la Universidad Sertoriana, de Huesca, graduándose como Bachiller en Leyes el 15 de mayo de 1776 y en Cánones el 25 de abril de 1779, alcanzando la Licenciatura en Cánones el 9 de septiembre de 1779.

En los años siguientes hasta 1794 desempeñó los puestos de Sacristán Dignidad de la Colegial Insigne de la Villa de Monzón, perteneciente a la Diócesis leridana, en la que también fue Vicario General y Oficial; y en 22 de mayo de 1794 designaba como procuradores a su citado hermano Francisco y a Vicente Nobella, Canónigo Doctoral de la Catedral oscense, para que, en su nombre, comparecieran ante el Obispo de Huesca instalándose a aceptar su presentación, hecha como Patrono, por el Conde de Aranda y Castelflorido, para obtener una Ración vacante en la iglesia parroquial de Ponzano, su lugar natal, vacante por defunción de su anterior titular don Juan Lailla, comprometiéndose a cumplir los cargos y obligaciones a ella inherentes y a guardar y observar los Estatutos y loables costumbres de aquella iglesia; cargo que le fue otorgado en 4 de mayo de 1795.

Entre 1808 y 1815 ocupaba la Dignidad de Maestrescuela de la Santa Iglesia Catedral de Huesca y de la Universidad Sertoriana y la plaza de Visitador Real de la de Salamanca y durante dos legislaturas ejerció la de Diputado en las Cortes españolas, formando parte de su Comisión de Hacienda.

Electo Obispo de Tarazona en 1815, renunció a su plaza de Racionero de la iglesia de su pueblo en 14 de mayo de dicho año y tomó posesión del Obispado el 28 de octubre del siguiente mediante su procurador don Juan-Antonio Franco y Ruiseco, Arcipreste de Tarazona. Su consagración episcopal tuvo lugar en el templo parroquial de Ponzano el 9 de junio de 1815, presidida por don Juan Nepomuceno de Lera y Cano, Obispo de Barbastro y con la asistencia de los prelados don Eduardo María Sáez, de Huesca, y don Manuel del Villar y Olleta, electo de Lérida y obispo in partibus de Tricopoli.

Fue uno de los firmantes del llamado Manifiesto de los Persas, que era un documento -redactado por Juan Pérez de Villamil y Pedro Gómez Labrador- que presentaron en marzo de 1814, en la ciudad de Valencia, al Rey Fernando VII, a su regreso a España, un grupo de setenta Diputados realistas presidido por Bernardo Mozo de Rosales, en el que se le aconsejaba la restauración del sistema absolutista y la derogación de la Constitución elaborada en las Cortes de Cádiz de 1812, así como el regreso a las fecundas tradiciones de libertades concretas, que consideraban incompatibles con la desaforada algarabía de la extranjería liberal; lo que aceptó el Rey y ejecutó mediante Real Decreto de 4 de mayo de aquel mismo año. Dicho documento recibió tal nombre, porque en su primer párrafo manifestaba que era costumbre de los antiguos persas pasar cinco días de anarquía después del fallecimiento de su rey, a fin que de la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligasen a ser más fieles a su sucesor...

En 1815 fue designado por el rey Fernando VI como Inquisidor general de España, que ejerció hasta 1820, y después solicitó reiteradamente, a la cabeza de otros Obispos, desde 1823, el restablecimiento el Tribunal del Santo Oficio, volviéndolo a requerir de nuevo en 1825, en un informe del Duque Infantado, propugnándolo como solución a una multitud de problemas. Más adelante ostentó el cargo de Consejero y más tarde Embajador en Francia, de cuya misión diplomática regresó en 1823, siendo condecorado con la Gran Cruz de Carlos III.

Tuvo muchas dificultades y problemas en su labor episcopal -como otros obispos- durante el denominado Trienio Liberal, periodo de tiempo que comprende los años 1820-1823, y que fue iniciado con el pronunciamiento de Rafael de Riego en Cabezas de San Juan (Sevilla) con las fuerzas que formaban el ejército preparado para embarcar rumbo a América para sofocar allí otras rebeliones, el cual, seguido por otras guarniciones en territorio español, obligó al monarca Fernando VII a jurar la Constitución. El Trienio Liberal o Constitucional fue la segunda etapa de su reinado y en ella, pese a la poco disimulada oposición del mismo, se continuó la obra reformista iniciada en 1810: abolición de los privilegios de clase, supresión de los señoríos y de la Inquisición, abolición de los mayorazgos y recuperación de la vigencia de la Constitución de 1812. Toda esta política originó una especie de contrarrevolución en la propia Corte, que fue llamada Regencia de Urgell con el apoyo en el interior principalmente de los terratenientes, y en el exterior con el de la Santa Alianza que, desde Europa, defendía los derechos de los monarcas absolutos; así el Congreso de Verona acordó reclamar al Gobierno de Madrid que restableciera la plena autoridad del Rey, con amenaza en caso contrario de intervención armada, lo que se cumplió con la entrada, el 7 de abril de 1823, de los denominados Cien mil hijos de San Luis, que eran tropas francesas bajo el mando del general Duque de Angulema, a las que se sumaron tropas realistas españolas, las que, sin apenas oposición, restauraron el absolutismo.

Los años siguientes conocidos como la Década ominosa fueron en España de signo político represivo y la situación se vio seriamente afectada por la pérdida de la inmensa mayoría de las colonias americanas, centrándose los últimos de aquellos del reinado de Fernando VII -éste murió en 29 de septiembre de 1833- en la cuestión sucesoria, formándose entonces un grupo opositor a la legalidad de la Pragmática Sanción publicada en 1830 derogando la Ley Sálica, que impedía reinar a las mujeres, defendiendo en cambio la candidatura al trono del hermano del Rey don Carlos María Isidro de Borbón, lo que originó las Guerras carlistas.

Don Gerónimo Castillón y Salas falleció en su sede episcopal de Tarazona en 1835.

DOCUMENTACIÓN:

Archivo Diocesano. Huesca. Exp. Personal. M.G.O. Los Castillón. Rev. Linajes de Aragón Tomo V.