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EN BUSCA DEL AGUA

Fuentes milagrosas

Biescas-Ermita de Santa Elena



Por José Antonio ADELL y Celedonio GARCÍA
11/04/2004

El agua, fuente de vida, origen de ritos precristianos y de leyendas, fecundante, regeneradora y purificadora, casi siempre ha estado vinculada al hecho religioso. En muchas fuentes encontraremos inscripciones en este sentido, como podemos ver en la Fuente de Orós Alto (R. S. Regidor. Año de 1861. Agua buena por la gracia de Dios).

Algunas fuentes eran lugares propicios para rituales precristianos que han sido ligados al sentir religioso. Junto a ellas se han levantado santuarios y a sus aguas les atribuyen poderes milagrosos.

Enrique Satué (Religiosidad popular y romerías en el Pirineo) cita a Rafael Leante, que el en siglo XIX aportó una larga relación de ermitas de la diócesis de Jaca vinculadas a la Virgen donde el agua era un lugar de culto esencial, y en algunas de ellas, como en el caso de Nuestra Señora de los Bañales de Uncastillo, se aprecia una superposición sobre cultos romanos termales.

La Gloriosa, en Santa Elena

La ermita de Santa Elena, en las proximidades de Biescas, se incrusta en una gruta de donde brota una surgencia milagrosa, “La Gloriosa”. Estas aguas se han identificado con un lugar de culto romano a las ninfas, divinidades protectoras de los infantes perdidos, a los que salvaban de perecer ahogados.

Todos los milagros atribuidos a la Santa giran en torno a las aguas del manantial. Sus aguas milagrosas sanaban a los enfermos y combatían los “problemas demoniacos”, tal como señala Satué. El carácter intermitente de la surgencia ha dado origen a numerosas leyendas, considerándose que la culminación de sus propiedades mágicas se alcanzaba cuando llegaba. Por el contrario, los periodos secos se atribuían a la vulneración del espacio sagrado.

La explicación del fenómeno se debe al gran complejo kárstico plagado de simas y grutas de la sierra Tendeñera.

Podemos identificar esta surgencia con “La Gloriosa” que propiciaba un aumento de caudal en el río Estarrún durante la noche de San Juan. Allí concurrían las gentes de muchos pueblos a cumplir el ritual del agua en la mágica noche, y se introducían en sus aguas cuando llegaba el repentino crecimiento.

La identificación de una ermita o santuario con las propiedades curativas de las aguas situadas en sus proximidades ha sido totalmente asumida por la Iglesia. Enrique Satué señala los ejemplos de la ermita de San Juan de Abenilla, donde brotó el denominado Fontanón de San Juan; el de la Virgen de los Palacios, de Matidero, cuya fuente tiene propiedades benefactoras, o el de las aguas que pasan junto a la ermita de Santa María de Iguácel, que tienen propiedades curativas para sanar los males endémicos.

Aguas de San Juan

Las fuentes se frecuentaban especialmente en la noche de San Juan. Sus aguas poseían poderes curativos para los ojos y otras enfermedades. Los rituales variaban según lugares. En Gistaín o en Tella había que remojarse en siete fuentes antes de que saliera el sol. En Aso de Sobremonte, además, se ataban una paja de centeno en los riñones para que no les doliesen en todo el año.

En Aísa el agua de la fuente de la Magdalena tenía propiedades para curar herpes y otras enfermedades; aquí venían gentes de Jasa, Aragüés y Borau. El agua comenzaba a manar al iniciarse el día de San Juan y dejaba de hacerlo a las doce del día de San Pedro. En Acín de Garcipollera se sanjuanaban en la fuente de la Canaleta; en Fraga en una fuente camino de Torrente...

El santuario de Cillas tiene en esa noche una gran afluencia. A él llegan desde Chimillas, Alerre, Banastás y Huesca, aunque en otros tiempos venían desde lugares mucho más lejanos. Se cree que las aguas de las fuentes de la ermita tienen propiedades curativas, especialmente esa noche.

Javier Ortega y Alicia Ibares dicen que algunos se llevan el agua para llenar peceras, pues, al parecer, el agua es capaz de prolongar la vida a los peces.

Antaño, en Huesca también se acudía la noche de San Juan a las fuentes del Ángel, Ibón y Salud. El barranco de la Salud, con sus fuentes de este nombre, Marzal y de la Teja, situado junto a la ermita de Jara, era lugar de animación y bullicio obligado durante la romería que se celebraba el segundo día de Pascua Granada. Allí se degustaban asados y caracoles, mientras trasegaban pellejos de vino y se entregaban al baile al compás de organillos y guitarras.

Javier Ortega y Alicia Ibares (Fuentes de Aragón) recogen más rituales relacionados con la noche de San Juan. En Liri existía la costumbre de que las mujeres estériles debían beber agua de nueve fuentes diferentes, una por cada mes de embarazo. El rito se completaba al romper un huevo y dejado en un plato sin mover. Si a la mañana siguiente aparecía entero era señal de que la mujer no tendría hijos pero si tomaba alguna forma humana había esperanzas de concebir.

En Sopeira acudían a cinco fuentes. En Linas de Brota se curaba el bocio si se bebía agua de siete fuentes, al igual que ocurría en San Juan de Plan.

Los vecinos de Escarrilla rociaban las casas y corrales con agua de siete fuentes para librar la hacienda de todo mal. En Forada del Toscar recorrían siete fuentes para purificar los ojos y hacer desaparecer las verrugas: Nueva, Biella, Piejo, Palomas, Camariellas, Carapas y Chaima.

En Piedrafita de Jaca tomaban el agua la noche de San Juan con fines mágico-protectores, pues creían que así evitarían los influjos de brujas y brujones.

En otros sitios como Las Bellostas, Bara, Fosado de Abajo y Barbenuta, el agua de diferentes fuentes se destinaba para preservar de males al ganado, a las caballerías y demás animales domésticos.

San Martín de la Val de Onsera

El Padre Faci (Aragón, Reyno de Christo y dote de María SSma) nos relata otros hechos milagrosos de fuentes situadas junto a ermitas o santuarios. En Anzánigo, junto a la ermita románica de la Virgen de Izarbe, manaba milagrosamente aceite de una fuente, que cesó porque un ermitaño vendió unas libras.

La Virgen también se apareció junto a la denominada “Fuente del Milagro”, en la Cartuja de Nuestra Señora de Las Fuentes, en término de Sariñena.

Otras aguas con poderes milagrosos corren en San Martín de la Val de Onsera. En palabras de Adolfo Castán (Lugares mágicos del Altoaragón) “en la Val d´Onsera se siente el espíritu del planeta, se intuye que la tierra es madre hasta en los rincones más ocultos, por ello el inhóspito pozo es un jardín con la fertilidad exuberante de lo que acaricia el roce del agua”.

Cuando Briet visitó este lugar, de la pared de la caverna colgaban numerosos exvotos de brazos, piernas, cabezas, pies y delicadas figuras de cera roja que parecían juguetes de niños. Las gentes bebían agua de la fuente interior o se lavaban fuera por sus propiedades curativas.

El padre Faci, en 1739, hablaba de las propiedades del agua de la denominada fuente “Santa”, que surgía de la raíz de la peña, en la iglesia, enfrente del altar de San Martín y de la Imagen de la Virgen Morena. Su milagrosa agua era apreciable para la curación de fiebres.

Otras fuentes

Algunas fuentes, según la tradición, surgieron gracias al poder milagroso de un santo. Es el caso de San Úrbez, considerado abogado de la lluvia, de quien se decía que donde tocaba su cayado brotaba el agua. Así ocurrió con la fuente de Valmayor, en Ola.

En Laspuña, junto a la ermita de Fuensanta, existen numerosos manantiales. Cuenta la leyenda que San Victorián se paró en Laspuña, cuando se dirigía desde Francia hasta la ermita de la Espelunca. Uno de sus acompañantes tenía sed, por lo que golpeó el suelo con su cayado y brotó la fuente actual.

Otra Fuente Santa brota tras el testero del santuario de San Cosme y San Damián, junto a una higuera. Allí acudían numerosos enfermos y tras lavarse quedaban sanos.

En Aniés, el agua milagrosa mana de la fuente de la ermita de la Virgen de la Peña.

En los términos de Bielsa se apareció la Virgen de Pineta, así llamada por encontrarse en un pino. Se asentó junto a la fuente de la Montaña de Alarri y desde entonces se llama la “Fuensanta”. De ella brota agua pura y milagrosa, consagrada por la Virgen; se dice que si a ella se echa “cosa inmunda” se seca. Así lo señala el padre Faci y relata ejemplos que lo demuestran.

En Benabarre, gracias un buey que repetidas veces abandonaba los pastos y acudía a un lugar donde arañaba la tierra mientras lanzaba potentes bramidos hasta descubrir un arca. Los pastores advirtieron el hecho y descubrieron en la hoya horadada por el animal un arca de madera que contenía las sagradas reliquias de San Medardo. De aquel hoyo surgió una cristalina fuente. Entre los prodigios que concede el Santo a sus fieles destaca el beneficio de la lluvia en periodos de sequía.