
Retablo del Alto Aragón, del Maestro de Morata, en el Metropolitan. | S.E.
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El historiador oscense Antonio Naval sigue el rastro del "patrimonio emigrado" en Estados Unidos
"A partir de Patrimonio Emigrado (obra publicada por DIARIO DEL ALTOARAGÓN) me di cuenta de que podía haber muchas obras en Estados Unidos y efectivamente, las hay", resume el historiador Antonio Naval a modo de conclusión general sobre el estudio que desarrolla este curso en Norte América.
HUESCA.- Entre las conclusiones más importantes de su trabajo, destaca
que hay un número indeterminado de piezas (varias decenas) en colecciones privadas
que "están sometidas a las fluctuaciones del mercado del arte, de manera
que pueden salir a subasta en cualquier momento". "Como por otra parte,
es difícil seguir y controlar estos coleccionistas, es difícil saber qué
piezas hay y por tanto siempre habrá sorpresas con piezas que no están
controladas", advierte. Por tanto, ha recomendado al Gobierno de Aragón
que esté alerta ante la posibilidad de la subasta de obras procedentes de nuestra
región.
"Ya lo he dicho en alguna ocasión: No se trata de recuperar lo imposible,
sino de sacar consecuencias para conservar lo que está a nuestro alcance, como
la arquitectura y el urbanismo de los pueblos", reitera Naval.
"El trabajo me está dando para sondear indirectamente lo que hay en el
resto del mundo procedente de Aragón", señala. Ha averiguado que pueden
guardarse piezas en Francia (sobre todo) y Gran Bretaña, además de Alemania,
Italia, México, Buenos Aires o Hungría, aunque en estos últimos lugares
en mucha menor cantidad.
Ya en una primera investigación en los Estados Unidos, durante una estancia
de varias semanas en 2007, el historiador oscense detectó la posible presencia
en colecciones y museos de 60 a 120 piezas (Ver DIARIO DEL ALTOARAGÓN, del
24 de agosto de 2009). Cumplida la mitad de este curso en Los Ángeles, puede
señalar que se aproximarán a la última cifra. Tiene fichadas y documentadas
cerca de cien. El resto, advierte, "será más difícil de precisar".
En este último grupo sitúa las obras que se guardan en colecciones particulares.
Calcula que pueden ser unas 50.
Por ejemplo, "sólo en la ciudad de Nueva York ha habido o hay 40 piezas
de Aragón, más las del Metropolitan y la Hispanic Society". Y remacha:
"Sólo en la ciudad de Nueva York se podría haber hecho un museo de
arte aragonés".
De las piezas documentadas en los Estados Unidos se trata en algunos casos de "obras
muy buenas". Entre las más conocidas, cita como "grandes pérdidas"
una Santa Engracia en el museo Isabella Stewar de Boston, que procede de Daroca
o Zaragoza, los Evangeliarios de Jaca y el Vidal Maior, estos dos últimos en
el Museo Getty de Los Ángeles.
También se contabilizan otras piezas de mucho interés, aunque menor valor.
"Hay muchas de maestros como Jiménez, Soria, Bernat y de Bermejo, que son
artistas de primera", subraya. Destaca también las obras correspondientes
a la provincia de Teruel, vinculadas a la Escuela Valenciana. "La parte vinculada
al Alto Aragón es más tosca pero hay cosas también de mucho interés",
indica.
Se ha encontrado con alguna sorpresa (no mayúscula porque no se trata de obras
excepcionales) como un retablo de Daroca guardado en un museo de Miami o un retablo
de la Basílica del Pilar repartido por los Estados Unidos.
Datar con exactitud la procedencia no es tarea fácil. En esta segunda y más
prolongada estancia, no ha detectado nuevas obras procedentes de iglesias de la
Diócesis de Huesca, pero sí una veintena de Barbastro y Teruel.
Entre las conclusiones extraídas en esta segunda estancia, ha descubierto que
los pequeños retablos fueron vendidos íntegros, pero los grandes se trocearon
para enajenarlos. "Un reto bonito sería recomponer algunos retablos",
apunta. Cifra en unos veinte el número de retablos de iglesias aragonesas y
época medieval en los Estados Unidos.
Naval insiste en un aspecto que siempre señala al referirse a este "arte
emigrado". Su retorno es imposible salvo por compra. Se trata de compraventas
y, por tanto, la propiedad actual está fuera de duda.
"Hubo un boom de venta de arte tras la desamortización (a partir de 1835)",
indica el historiador. "Todo el mundo ha vendido piezas", asegura. "Han
vendido piezas los nobles españoles, los ricos, los menos ricos que habían
comprado en la desamortización, y por supuesto, los conventos, los curas y
los obispos". "Como detalle, hasta el Gobierno de la República regaló
a la Universidad de Harvard unas piezas, a pesar de que había unas leyes de
protección...", indica. Pero no fue un caso único el español.
"En los museos de los Estados Unidos hay piezas increíbles de Alemania,
de Italia y de Francia".
"Pero todo esto -puntualiza- no hay que sacarlo de quicio". "Mejor hubiera
sido que no hubiera salido, pero no podemos sacarlo de quicio porque el mercado
del arte ha existido siempre", apunta. "Otra cosa es que haya sido más
o menos responsable, o que haya habido vivillos que han sabido aprovecharse"
-reflexiona Antonio Naval- "y que haya habido gente que vendiendo por dos duros
creía que hacía negocio".
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